Las acciones individuales dentro de los modelos culturales le dan a la mujer distintos niveles de participación en las instituciones de nuestra sociedad.
Nuestra cultura impone una serie de representaciones simbólicas sobre las mujeres. A lo largo de la historia en periodos de crisis, guerras, expansiones o decadencias, la mujer ha tenido cierto protagonismo en el mundo del trabajo, mas por desgracia se trata de situaciones históricas excepcionales.
Después de la segunda guerra mundial, la mujer conquistó terrenos cada vez más amplios y exigiendo conscientemente una situación de igualdad con el hombre en los planos jurídico, laboral y cultural en general. La mujer está preparada para ocupar cargos jerárquicos, aunque equivocadamente aún la mujer es considerada inferior para la realización de ciertas tareas.
La introducción de la mujer en el mundo laboral es reciente. La mayoría de las veces se espera que las mujeres sean empleadas administrativas, mientras que los altos cargos son ocupados por hombres. La sociedad actual (afortunadamente son los menos) no confía en las habilidades de la mujer como empresaria, por ejemplo, y si es madre, la cosa se complica.
Hoy en día existe una preocupación por el futuro laboral de las mujeres y creo que no se valora el potencial que puede tener la mujer como líder. Por otro lado, creo que algunos hombres no están listos para aceptar recibir órdenes provenientes de una mujer.
Sin embargo, si a la vida laboral, política y pública en general, trasladamos las habilidades de mando, de organización, los valores de la lealtad y el alto sentido de responsabilidad de una madre, mucho hemos de ganar como sociedad.
Distingamos además que los viejos modelos de madre sumisa, en una abnegación silenciosa, se han ido rebasando, gracias al avance que en lo individual y lo colectivo ha ido teniendo la mujer.
No obstante que aún la segregación de la mujer es un fenómeno social no superado, ser madre, ahora, no está reñido con el desarrollo personal ni con la colaboración comunitaria para alcanzar mejores niveles de vida como personas y como sociedad.
Estas mujeres van construyendo nuevos modelos de comportamiento para superar las limitaciones que las políticas del mercado laboral y las reglas culturales perciben.
En el lado negativo tenemos que: Las mujeres que no trabajan como asalariadas se sienten, a menudo, frustradas en su realización personal y marginadas de la vida moderna. Las que trabajan están hostigadas por la idea (a veces fomentada por el medio familiar y social) de ser malas madres o malas esposas e incluso por el conflicto de si deben ser madres o no.
Una mujer que ha conseguido el equilibrio entre sus ansias maternales y su realización como individuo establecerá una relación más beneficiosa con sus afectos.
Pero para ello, también necesitan de nuestro apoyo, de nuestra comprensión, de nuestro impulso, de nuestro reconocimiento.
Ya no queremos madres solas.
Ya no queremos madres frustradas.
Las queremos como parte integral del proyecto de modernidad que para San Luis estamos construyendo.
Todas tendrán lugar en el San Luis que estamos empezando a levantar.
De eso, estoy seguro.
Nuestra cultura impone una serie de representaciones simbólicas sobre las mujeres. A lo largo de la historia en periodos de crisis, guerras, expansiones o decadencias, la mujer ha tenido cierto protagonismo en el mundo del trabajo, mas por desgracia se trata de situaciones históricas excepcionales.
Después de la segunda guerra mundial, la mujer conquistó terrenos cada vez más amplios y exigiendo conscientemente una situación de igualdad con el hombre en los planos jurídico, laboral y cultural en general. La mujer está preparada para ocupar cargos jerárquicos, aunque equivocadamente aún la mujer es considerada inferior para la realización de ciertas tareas.
La introducción de la mujer en el mundo laboral es reciente. La mayoría de las veces se espera que las mujeres sean empleadas administrativas, mientras que los altos cargos son ocupados por hombres. La sociedad actual (afortunadamente son los menos) no confía en las habilidades de la mujer como empresaria, por ejemplo, y si es madre, la cosa se complica.
Hoy en día existe una preocupación por el futuro laboral de las mujeres y creo que no se valora el potencial que puede tener la mujer como líder. Por otro lado, creo que algunos hombres no están listos para aceptar recibir órdenes provenientes de una mujer.
Sin embargo, si a la vida laboral, política y pública en general, trasladamos las habilidades de mando, de organización, los valores de la lealtad y el alto sentido de responsabilidad de una madre, mucho hemos de ganar como sociedad.
Distingamos además que los viejos modelos de madre sumisa, en una abnegación silenciosa, se han ido rebasando, gracias al avance que en lo individual y lo colectivo ha ido teniendo la mujer.
No obstante que aún la segregación de la mujer es un fenómeno social no superado, ser madre, ahora, no está reñido con el desarrollo personal ni con la colaboración comunitaria para alcanzar mejores niveles de vida como personas y como sociedad.
Estas mujeres van construyendo nuevos modelos de comportamiento para superar las limitaciones que las políticas del mercado laboral y las reglas culturales perciben.
En el lado negativo tenemos que: Las mujeres que no trabajan como asalariadas se sienten, a menudo, frustradas en su realización personal y marginadas de la vida moderna. Las que trabajan están hostigadas por la idea (a veces fomentada por el medio familiar y social) de ser malas madres o malas esposas e incluso por el conflicto de si deben ser madres o no.
Una mujer que ha conseguido el equilibrio entre sus ansias maternales y su realización como individuo establecerá una relación más beneficiosa con sus afectos.
Pero para ello, también necesitan de nuestro apoyo, de nuestra comprensión, de nuestro impulso, de nuestro reconocimiento.
Ya no queremos madres solas.
Ya no queremos madres frustradas.
Las queremos como parte integral del proyecto de modernidad que para San Luis estamos construyendo.
Todas tendrán lugar en el San Luis que estamos empezando a levantar.
De eso, estoy seguro.
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