He visto los estragos de la crisis. Empleados de las fábricas son desocupados por falta de trabajo o, los que tienen la fortuna, dejan de trabajar temporalmente sin goce de sueldo. Pequeños microempresarios pasan días enteros sin laborar y algunos otros se ven obligados a cerrar sus comercios.
Por las características de nuestra economía, muchos potosinos emprenden sus negocios con créditos de los bancos y proveedores. Es una forma muy común de iniciar pequeñas empresas, sin embargo, las bajas ventas han provocado que las deudas sean impagables.
La gente sale a las calles en busca de algo que llevarle a su familia. Cientos de personas ofrecen sus servicios en los cruceros de las avenidas, como albañiles, jardineros, plomeros. Mujeres jóvenes y de edad avanzada, muchas de ellas madres de familia, hacen largos recorridos por las calles ofreciendo de casa en casa sus servicios de limpieza.
Afuera de las escuelas las señoras colocan pequeños puestos de golosinas y frituras con la esperanza de vender algo y llevar un trozo de pan a su familia.
Expertos en reparación de computadoras, desesperados por la crisis, van por las calles ofreciendo sus servicios en cualquier oficina que encuentran a su paso.
He visto potosinos padeciendo los estragos de la crisis, pero siempre con la cara al frente, mirando hacia arriba y luchando por sobrevivir. Veo a San Luis con ganas de salir adelante y hay que responder con empleos y mejores salarios. Para que los potosinos puedan ofrecerle algo más a sus familias. Por un San Luis moderno, propongo que trabajemos juntos para vencer la crisis y salir avante.
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