
Ayer celebré brevemente mi cumpleaños número 50, junto a los militantes que en medio de una reunión, además de refrendarme su apoyo, me regalaron un pastel que compartí con todos ellos. Trabajando, así me gustan los cumpleaños y más en un día tan significativo como el 20 de noviembre. Nací en la fecha en que se inició la lucha de la revolución mexicana, en que la gente se levantó en armas contra el gobierno para demandar mejor calidad de vida. Y aunque no fui revolucionario de aquellos tiempos, los ideales de esa lucha se sembraron en mi y hoy, desde mi trinchera, continuo la batalla por un México mejor. No invito a los militantes a que nos levantemos en armas, sino a que hagamos una revolución con votos para impulsar un nuevo proyecto que está enfocado en una mejor vida.
Aprovechemos los beneficios de la democracia para democratizar el bienestar a través del voto.
La posibilidad de un cambio está en nuestras manos y no requiere las armas, únicamente el voto. Este 7 de diciembre salgamos a votar, hagamos una revolución y cambiemos nuestro destino.
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