Existe una metáfora de Confucio que alguna vez compartió con los escasos discípulos que lo rodeaban para escucharlo. Para explicarles los beneficios de trabajar juntos, en equipo, tomó una flecha y le pidió al hombre más fuerte que se encontraba cerca que tomara la flecha e intentara romperla. El individuo era tan fuerte que tomó la vara y la rompió con facilidad, como si se tratara de cualquier rama de árbol. Entonces, Confucio tomó un conjunto de flechas que estaban atadas, listas para llevarse a la guerra, y se las dio al hombre fuerte. Éste las tomó e intentó romperlas, lo intentó varias veces hasta que el sabio maestro las tomó entre sus manos y le dijo a sus alumnos: ustedes son como las flechas, si luchan solos, terminarán como la primera flecha, pero si luchan todos juntos, nadie podrá romperlos.
Comprendí perfectamente la idea que Confusio transmitió a sus discípulos hace miles de años, por eso cuando Francisco Salazar me comentó de sus intenciones de sumarse al proyecto que orgullosamente encabezo, lo acepté sin condiciones; porque reconozco que mi proyecto no está completo si no están en él todos los que son, porque sé que no es incluyente ni integral si no está la participación de todos los que queremos un mejor futuro, más que para nosotros mismos, para nuestros hijos, por que son ellos los que mañana vivirán las consecuencias de las decisiones que tomemos hoy.
Sumar para un mejor futuro. Adherirse al proyecto que no es mío solamente, sino de todos. De los que no quieren emigrar y dejar su familia, de los que quieren producir más y mejores productos agrícolas, de los discapacitados que no tienen el lugar que merecen en la sociedad, de los que necesitan mejores condiciones para vender sus productos; este proyecto es de todos los que quieren un mejor mañana; porque soy como ustedes, también he luchado por salir adelante, y hoy les pido que nos unamos para trabajar juntos por el futuro que todos queremos. Juntos como las flechas, para no rompernos.

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